La indefensión del ciudadano común

Ryan Air –  Compramos cuatro billetes Santiago de Compostela/Barcelona  a través de Atrápalo, nos envían localizador y confirmación de la compra e imprimimos el documento como comprobante oficial.

Sorpresa al llegar al mostrador de Ryan Air para embarcar –  “¿no tienen impresas sus tarjetas de embarque?”  no, básicamente porque en ningún sitio (web, mensaje de confirmación) nadie menciona dicha tarjeta de embarque.  ” ah, pues para embarcar tienen que pagar €70 + iva por tarjeta” (además de lo que ya has pagado por el billete).

Que alguien me lo explique,  tengo la confirmación de la compra,  ellos pueden confirmar que he pagado, tienen la reserva porque han comprobado nuestros nombres en la pantalla del ordenador  ¿para que carajo necesitan la tarjeta de embarque si además,  sus vuelos son tipo autobús?  Ni siquiera llevas el asiento asignado!!!!!

Ante nuestra indignación y sorpresa, trabajadores que se encogen de hombros, demuestran la misma empatía que demostraría un garbanzo y no ofrecen solución o alternativa alguna más que pagar.

Ante la pregunta de donde podemos imprimir las tarjetas de embarque, visto que las nuevas tecnologías móviles permiten que uno pueda hacerlo prácticamente en cualquier lugar que cuente con una impresora,  vuelven a poner cara de me-importa-todo-tres-pitos-porque-ya-te-he-cobrado y nos contestan “lo siento, ya no se puede imprimir la tarjeta porque faltan ¡tres horas! para embarcar y para imprimir la tarjeta solo hay tiempo hasta cuatro horas antes del embarque”.

Ante nuestras preguntas sobre el procedimiento,  ninguna respuesta coherente.  La culpa es de Atrápalo, contacten con ellos.   Nosotros no tenemos nada que ver.    En la oficina de reclamación del aeropuerto, respuesta del que nos atendió “ah, si, pasa continuamente,  no se puede hacer nada,  esta gente le toma el pelo al pasajero pero las autoridades no hacen nada”.   Vamos a la policía – que tiene unas bonitas oficinas en el aeropuerto – a poner allí la denuncia.    Tocamos el timbre, esperamos un rato, nadie contesta.   ¡Viva España!

De alguna manera toda la paz y buen rollo que disfrutamos durante el Camino de Santiago, desaparece en pocos minutos.

Llegada al avión.   Un circo.     Desde el despegue al aterrizaje,  el personal de Ryan Air (a quien todo sea dicho, se le cae la cara de vergüenza, del papelito que les toca hacer) se pasa todo el vuelo destrozando una experiencia ya de por sí cansina y aburrida, en un mercadillo vulgar, ruidoso y sin sentido alguno.

Desde vender tarjetones de “rasca-rasca”,  animar a los pasajeros a que compren lotería,  anunciar por activa y por pasiva bocadillos a precio de platos del Bulli,  cachivaches y objetos varios e inútiles en “duty free” ¿qué duty free si estamos en un vuelo nacional?,  ¡en fin!  todo el trayecto lo convierten en una demostración grotesca y decepcionante de mercantilismo absurdo y descarado.   Mi único consuelo es que no vi a un solo pasajero rascarse el bolsillo para comprar nada.

 

Tengo en mis manos el documento para hacer la denuncia formal pero, como la mayoría de las personas,   llego a la misma conclusión.  ¿Para qué seguir perdiendo el tiempo?  Estos de Ryan Air han salido hasta en la televisión gracias a su mala gestión, mal servicio y problemas mayores y…ahí siguen tan panchos.   Pero si uno lo piensa bien,   vienen de fábula para incrementar el tráfico entre aeropuertos a los que antes no llegaba nadie y ahora probablemente llegue un montón de gente…después de todo, si profundizamos…no son más que la copia de un modelo que han impuesto nuestros queridos gobernantes….el ciudadano de a pie está para que lo explotemos hasta que ya no podamos sacarle nada más.  Así nos va.

A mi, si me pierdo, no me busquéis en ningún vuelo de Ryan Air.

 

Anuncios

De regreso del Camino de Santiago

El Camino de Santiago - Jun 2013

Como dice todo el que ha ido,  “tienes que hacerlo”.   Si, yo también me he convertido a la magia del Camino.    A pesar de que nos llovió casi cada día, a pesar de los ronquidos de aquellos con los que compartimos los albergues, a pesar de la comida de “rancho”,  merece la pena hacerlo.

El paisaje,  el buen rollo de todo aquel con el que te cruzas, la paz, la sensación de estar en el aquí y en el ahora, disfrutando del canto de los pájaros, de la belleza de lo que te rodea, de reírte con tus compañeros de viaje y de caer rendido en la cama…todo ello hace que, al menos una vez en la vida, merezca la pena hacer el Camino.

Gestionar personas no es tan difícil como parece…

Smiley

Después de trabajar durante años en proyectos de diferente envergadura y complejidad,  llego a una conclusión que quiero compartir con vosotros.

Al margen del tipo de empresa, problemática del sector, número de trabajadores o cualquier otra característica,  las personas en las empresas, ocupen el lugar que ocupen,  suelen anhelar lo mismo:

  • Que se les trate con respeto
  • Que se les tenga en cuenta
  • Que se les de la oportunidad de contribuir en tareas con sentido
  • Que se les reconozca de vez en cuando lo que hacen bien
  • Que se les pregunte e involucre antes de que se les imponga e ignore
  • Que se les hable desde el cariño y el lenguaje positivo porque eso, en un mundo complejo, con graves problemas y un futuro incierto,  es ahora más necesario que nunca
  • Que se les pregunte su opinión y la misma no se guarde en un “cajón” y caiga en el olvido
  • Que se les remunere económica y “espiritualmente”
  • Que se les de un voto de confianza y se les empodere
  • Que se les deje decidir en aquellas cosas que les afectan directamente

Lo anterior, que parece obvio, no lo es en absoluto.

Falta de comunicación,  imposiciones,  poca consideración,  escasa empatía,  apatía disfrazada de rutina y procedimientos, incoherencia y prácticamente la otra cara de todo lo que anhelan es más común de lo que una espera y,  además de desconcertante,  triste.

Parece que algunas personas,  cuando les toca dirigir a otras,  se olvidan del “trata al otro como te gustaría que te trataran”  y ponen en marcha una serie de conductas nada productivas y por el contrario muy dañinas y castrantes.

¿Tanto cuesta trabajar en alguno de esos aspectos? ¿tan difícil es confiar en el otro dándole libertad para que alcance su máximo potencial y encuentre sentido en lo que hace?  ¿tanto miedo nos da pedir al otro su opinión en aquello que le atañe y sobre lo que probablemente sepa más que nosotros mismos?

Nos vamos a estudiar masters, leemos libros,  nos rascamos la cabeza preguntando ¿por qué es tan difícil gestionar personas?  Y yo me pregunto si no será que nos encanta liar las cosas más de la cuenta porque al final,  aplicando un poco de sentido común, dejando el ego en la puerta y colocando en su lugar cariño y optimismo, seguramente obtendríamos mejores resultados.

¡Con la de gente maja que hay por ahí!

 

 

 

¡Nos vamos a hacer El Camino de Santiago!

El Camino de Santiago

 

Después de una semana agotadora,  mañana nos vamos a hacer El Camino de Santiago.  Voy con muchas expectativas porque todo aquel que lo hace, incluido mi “terrenal” marido,  regresa transformado o explicando que hay un antes y un después del “Camino”.

No las tengo todas conmigo porque caminar 20 kilómetros y pico no es algo que hago de forma habitual no obstante,  intuyo que habrá algún tipo de energía que hará que alcance el objetivo diario.  En caso de no ser así…llevo algún que otro ibuprofeno para mitigar los dolores.

Me siento afortunada de poder hacer este paréntesis y dejar aparcados por unos días los quehaceres de la vida cotidiana.   Me seduce la idea de dejar la mente en blanco y disfrutar del entorno, simplemente dejarse llevar por la inercia del caminar y dejar la mente como un folio en blanco en el que escribir durante una semana nuevas sensaciones, experiencias y emociones.

¡A la vuelta os cuento!   y  me digo a mi misma  …. ¡Buen Camino!

Mis recetas para superar el domingo por la tarde

Bebé aburrido

 

El domingo por la tarde es como si el mundo fuese a medio gas, después de comer nos entra ese sopor entre agradable e ineludible que nos hace dar cabezadas frente al TV o, en mi caso, meterme en la cama con un libro y dormirme feliz un par de horas.

Cuando despierto de esa siesta, que a primera hora de la mañana me he prometido no hacer,  estoy desorientada, atontada y con la sensación de que ya se acaba el fin de semana.   No es una sensación agradable.

Con el correr de los años, he probado varias técnicas que ahora comparto con vosotros por si os pueden ayudar a mitigar la sensación de “que-agobio-me-produce-el-domingo-por-la-tarde”.

  1. Centrarme en algo que haré durante la semana que me va a encantar (una cena, un cine, un viaje, una reunión con una amiga, etc.)
  2. Tener una lista de películas, lecturas o música pendientes de ver, leer o escuchar que voy a atacar ahora mismo
  3. Salir a dar un paseo por el bosque, el parque, la avenida o donde más te guste
  4. Llamar a un amigo/a que hace tiempo no contactamos
  5. Irme al cine después de cenar así se alaaaarga el domingo
  6. Preparar una cena deliciosa que nos zamparemos de aquí a un rato
  7. Hacer una lista de todas las cosas que me entusiasman y que voy a hacer en los próximos días.  Centrarme en los preparativos (personalmente el próximo sábado me voy a hacer el Camino de Santiago, esta tarde he estado liada intentando meter todo  lo que necesitaré durante una semana en una mini-mochila – mi próximo artículo será “El arte de ser minimalista”)
  8. Escribir un blog compartiendo ideas, experiencias, sentimientos, fotos, etc.

Ideas algo más frikis,

  1. Planifica tu semana, serás más eficiente y te sentirás mejor
  2. Llama a tu madre (tu padre, tu hermana, tu abuela, etc.) esos seres queridos que das por sentado que estarán siempre ahí y…no es así
  3. Arregla tu armario (yeak!)
  4. Depílate las piernas, hazte una mascarilla, sumérgete en un baño de burbujas (de esto último no soy amante porque me parece un desperdicio de agua no obstante, esa es mi opinión personal pero no tiene porque ser la tuya)
  5. Plancha (yeak!, yeak!)

Y por último,  antes de irme a dormir me centro en las cosas positivas que tiene la próxima semana y procuro olvidarme de las que no lo son tanto así,  decido yo en que voy a ocupar mi mente y mi tiempo en lugar de dejarme llevar por las circunstancias externas.   No es fácil pero con práctica…una va mejorando.

¡Feliz semana!

En defensa de la autonomía y la flexibilidad en el trabajo

atasco_trafico

 

En un mundo en el que los expertos nos avisan que los recursos naturales van a ser cada vez más escasos,  donde la mayoría vamos cortos de tiempo y , quien más quien menos, cortos de medios también…el tema de la flexibilidad en el trabajo se perfila como una opción muy atractiva tanto para las empresas que sepan organizarlo como para los trabajadores que tengan claro que valor aportan a la cuenta de resultados.

Si tenemos en cuenta la cantidad de tiempo y dinero que algunas personas pierden yendo y viniendo al trabajo,  la contaminación que se genera,  el cansancio que acarrea, lo inútil de invertir tiempo en ir y venir cuando tenemos a mano la tecnología que nos permite trabajar desde cualquier sitio…una llega a la conclusión de que muchas cosas avanzan pero en el mundo de la empresa, como siempre,  vamos a trancas y barrancas porque pocas empresas (o mejor dicho empresarios) se atreven a dar el salto cualitativo y cuantitativo que representa un horario flexible.

Por supuesto,  mucha gente lo entiende como “a partir de ahora la gente podrá entrar y salir cuando les parezca”  o “si llegas una hora antes, te marchas una hora antes”.   Lamentablemente, eso no es horario flexible,  eso es no entender nada y coger la vía fácil para vender a los demás y, lo que es peor,  creerse uno mismo que está a la última en tendencias de RR.HH.

El horario flexible va precedido de algo que se  hace muy difícil de entender y todavía más de lograr que es,  la definición de los objetivos del puesto de trabajo del trabajador en cuestión.    Es mucho más cómodo,  e improductivo,  tener a la gente fichando y sentaditos en sus puestos de trabajo al margen de la labor que estén desempeñando.  Lo importante es que estén en su puesto a las 9:00 y se mantenga allí, como mínimo hasta las 18:00 y – si se quedan un par de horas más – mejor que mejor porque así nos demuestran su dedicación.

Lamentablemente,  cantidad de estudios y estadísticas  demuestran de forma empírica que todas esas horas “calentando la silla” no nos hacen más productivos y desde luego, para nada más felices y equilibrados.   De hecho,  en la mayoría de esos estudios salimos como los que más horas pasamos en nuestros puestos de trabajo y también como los menos productivos.   ¡Esto debería decirnos algo!  ¿no?

Personalmente llevo trabajando varios años como autónoma,   a la vez yo también contrato a otros autónomos y el resultado es muy claro.   Nos pagan por el trabajo que realizamos, si lo hacemos bien, vuelven a llamarnos, si no lo hacemos bien,  llaman a otro.     Me pregunto que sucedería si en algunas empresas se empezara a valorar a las personas de esta forma.     Personalmente preguntaría ¿qué valor aporta tu trabajo a la cuenta de resultados de ésta empresa? explícame que haces y valoremos las consecuencias de eliminar algunas de esas cosas y añadir otras que tal vez te hagan más productivo y te permitan 1) encontrar sentido a tu trabajo, 2) ser más autónomo en lo que haces,  3) organizar tu tiempo en función de tus necesidades porque, por todas partes se demuestra que somos más productivos cuando nos sentimos bien y por último, me permitirás a mi como empresaria saber si lo que te estoy pagando es equitativo a lo que produces o si por el contrario, te estoy pagando por venir, fichar, hacer en 8 horas lo que tal vez podrías hacer en 4 y liberarte para que en lugar de rellenar espacios de tiempo con tareas que probablemente sean obsoletas, puedas ser productivo y , lo que es más importante, puedas disfrutar de tu vida y de cómo te la organizas.

Lo obvio queda sin analizar,  habrá puestos donde no puede aplicarse esta modalidad de trabajo no obstante, para un porcentaje nada despreciable, seguramente sería una opción muy interesante.

Mi experimento con el pelo y el bicarbonato

Os dije que os mantendría informadas sobre el resultado de mi experimento de dejar de utilizar champú y en su lugar lavarme el pelo con bicarbonato.  Lo hice durante tres semanas y después paré.

Veamos, el primer día después de lavártelo queda estupendo, con más cuerpo y brillo pero al segundo día…se pone grasiento y ya puedes ir a lavártelo otra vez, lo que implica, vuelve a secártelo, invierte tiempo, etc.

Decía en el artículo de donde cogí la idea que había que tener paciencia.   Probablemente sea cierto pero, de momento, he vuelto a mi champú hasta que pueda dedicarle tiempo y no me importe llevar el pelo pringoso unos días.   Por otra parte, ahora he estoy probando otra cosa y es enjuagarme el pelo con vodka.    Lo leí hace unos días y salí rauda y veloz a comprar una botella porque, según explicaban en el artículo, el vodka no solo elimina los residuos del agua dura y el champú también fortalece la raíz además,  tiene muchísimas aplicaciones en el hogar.  Desde limpiar cristales a matar mosquitos.    Compré la botella más barata y de momento vamos bien.

Me entró una duda mientras me enjuagaba el pelo.   Si dicen que todo lo que nos ponemos en la piel pasa al torrente sanguíneo ¿qué pasa con el vodka en el cuero cabelludo?  Ante esta reflexión fui muy prudente con la cantidad que me puse, no quería llegar a una reunión con el cliente riéndome bobamente y dando tumbos.  Mañana vuelvo a lavarme el pelo y aumentaré la dosis,  ya os contaré.

 

 

Lo que viene en el mundo del trabajo…

Acabo de leer un artículo en el Harvard Business Review – y lo menciono por el prestigio y la seriedad de sus contenidos – en el que tres reconocidos empresarios americanos exponen un punto de vista basándose en su experiencia y en lo que observan alrededor.

Según ellos,  y creo que la mayoría estaremos de acuerdo,  el empleo para toda la vida, aquel en que entrábamos recién graduados, íbamos escalando posiciones y nos retirábamos con un bonito plan de pensiones…se ha terminado o está por hacerlo.

Ante este cambio de paradigma que nos afecta a todos, existe un gran desconcierto tanto por parte de las empresas como por parte de los trabajadores.    Las empresas necesitan gente con talento que les garantice su supervivencia en un mercado salvaje como el actual y el talento,  el talento de verdad,  ya hace un tiempo que se ha dado cuenta de su importancia y por tanto, no está dispuesto a casarse para siempre con su empleador ni a conformarse con un sueldo mediocre, unas jornadas interminables y un entorno castrante.

Los autores del artículo proponen una nueva modalidad de trabajo a la que llaman “tour of duty”  que traducido literalmente significa “período de servicio”.    Durante ese período de servicio se establece una relación entre empleado y empleador en la cual se marcan unos objetivos y un período de tiempo para alcanzarlos,  si el objetivo se alcanza de forma satisfactoria,  empleador y empleado pueden decidir si desean continuar la relación o, tal y como parece que está sucediendo,  en más de una ocasión el empleado decide ir a vivir otra experiencia laboral donde pueda seguir aprendiendo, creciendo y aportando valor a otras empresas.

Por su parte,  las empresas que están adoptando este nuevo modelo dan una gran libertad al talento para que invierta en su formación,  mantenga una amplia red de contactos,  tenga un perfil relevante en las redes sociales y se sienta realizado trabajando donde trabaja.      Es la mejor forma de asegurarse que ese talento no se marchará a otro sitio en busca de mejores ofertas.

Este planteamiento rompe muchos esquemas e incomoda a mucha gente no obstante,  es la dura realidad la que impone su criterio.   La globalización hace que no solo compitamos con la empresas de nuestro país o nuestro continente, estamos en competencia con el resto de la humanidad y ahora son muchos los que quieren un pedazo del pastel.    La empresas no pueden permitirse tener gente que simplemente está allí porque lleva muchos años y, en más casos de los que nos gustaría reconocer,  solo calientan la silla.      Por otra parte y teniendo en cuenta la cantidad de despidos, eres, reajustes, pre-jubilaciones y demás situaciones que hemos vivido en los últimos años (eso sin entrar en lo fatal  que se hacen y las malas formas que se utilizan),  cada vez son más las personas que se miran a la empresa con sospecha y dejan la fidelidad y el esfuerzo para otras áreas de su vida.

Parece que nos guste o no,  si somos empresarios vamos a tener que saber muy bien que aporta cada persona que tenemos en la empresa pues imagino que ya debe quedar poco donde recortar, también tendremos que empezar a pensar que si ese talento nos hace ganar grandes cantidades de dinero tal vez habrá que cambiar los sistemas de remuneración y tal como cortamos cabezas cuando las cosas no van bien, tal vez tengamos que repartir beneficios cuando las cosas van boyantes.     Y,  si somos trabajadores,  vamos a tener que estar en constante aprendizaje, desarrollo y búsqueda de oportunidades pues cada vez somos más, estamos mejor preparados y quedan menos puestos de trabajo.

Personalmente el tema me parece agotador los días que estoy en baja forma y estimulante los días en que estoy cargada de energía.       Que duda cabe que lo ideal sería un trabajo que nos entusiasmara, un lugar donde crecer profesionalmente  y una estabilidad para el resto de nuestros días.    Lamentablemente, o no,  todo indica que esos días han pasado y que entramos en una etapa de “tanto produces – tanto vales”,  tendremos que estar atentos.