¿Están las Descripciones de Puesto pasadas de moda?

Hace poco colaboré con un cliente para ayudarle a redefinir los puestos de trabajo en su organización.     El objetivo de éste proyecto fue cambiar los sistemas de valoración del desempeño, la organización del trabajo y la compensación tanto individual como colectiva.

Lo primero a constatar fue que cualquier parecido entre la descripción del puesto de trabajo y las funciones que desempeñaba el trabajador portador de la descripción era o muy lejano o, en algunos casos, inexistente.

Funciones que ya no se realizaban o que se habían pasado a otro puesto o departamento y por el contrario,  ninguna mención sobre algunas de las cosas más importantes que llevaba a cabo la persona fueron una constante durante todo el ejercicio.

¿Qué sentido tiene una descripción de cargo que describe un cargo que ya no existe?   ¿Cómo se puede medir el desempeño de alguien si ni siquiera sabemos cuales son las tareas exactas que lleva a cabo y cual es el impacto de las mismas en la cuenta de resultados?

En un gesto simbólico que gustó a todos los que se vieron involucrados en el proyecto, lo primero que hicimos después de revisar las descripciones de cargo obsoletas fue romperlas y tirarlas a la papelera.

¡Empecemos de nuevo! fue el lema y a partir de aquí cada persona tuvo que definir la misión de su puesto,  los objetivos a alcanzar,  las tareas que llevaba a cabo para cumplir con la misión y los objetivos, el tiempo que dedicaba a cada una,  el coste o beneficio que derivaba de la misma, su relación e impacto con el resto de puestos en la empresa,  los imprevistos y fallos que habían afectado al desempeño durante el último año,  la formación necesaria para llevar a cabo las tareas con eficacia.

Durante la elaboración de estos documentos – algo que lleva tiempo, esfuerzo y dedicación –  surgieron dudas y preguntas:   ¿cómo medir la atención al cliente? ¿cómo compensar de forma individual y de forma colectiva?  Y una expresión que escuché con frecuencia fue : ¡esto es imposible!       Pero ante estas palabras la pregunta siempre se repetía ¿si tuvieras que pagar a alguien por este trabajo como valorarías lo que hace? ¿cuánto estarías dispuesto a pagar?   Si no puedes medirlo, difícilmente vas a controlarlo.

El proyecto fue complejo y generó algunos miedos e inseguridades no obstante la reflexión para el equipo fue que en el contexto actual, ninguna organización puede permitirse tener personas que aportan poco o nada,  gente que cumple un horario – en ocasiones muy extenso – pero que a la hora de la verdad por falta de organización,  actualización, sistemas de medición y desidia prácticamente no contribuye en nada al éxito y continuidad de la empresa.

¿Cuándo fue la última vez que revisaste tu descripción de cargo? ¿Qué aportas a la organización que no te haga prescindible en el futuro?  ¿Qué aporta la gente que te rodea? ¿Cómo de valora y compensa el trabajo que desempeñas?  ¿Cómo lo mides?  ¿Y el de tu equipo?  Son preguntas que tendríamos que hacernos al menos una vez al año.

¡Feliz fin de semana!

 

 

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