Nueva Etapa: Simplificando Nuestras Vidas

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Hasta hace unos años la idea de tener una casa con cosas bonitas, un armario con ropa y zapatos y libros, muchos libros, me causaba una gran satisfacción.   Mi madre, mujer sabia donde las haya, me decía “a medida que pase el tiempo querrás prescindir de muchas de las cosas que tienes porque no te harán falta”.   Huelga decir que yo no creía ni por un momento que el síndrome de “simplifica tu vida” me picaría algún día.

El día ha llegado.   La vida parece cada vez más complicada, nos suben los impuestos, nos pagan menos, trabajamos más horas, hay más competencia, en resumen…mantener en equilibrio la vida que una se ha montado en época de vacas gordas, resulta agotador.     Además, la realidad del paso de los años también hace presencia.   No es lo mismo limpiar y jardinear con 30 que con 40 que con 50… así que hace meses que sentada en mi preciosa sala, miro con ojo crítico mis cosas y pienso que hay demasiadas, que si el espacio fuera pequeño y diáfano ahorraría tiempo y energía y que, al final, ¿de qué me sirve una Mafalda que compré hace 20 años en un momento nostálgico de mi niñez?…de nada.

Otro aspecto de mi acumulación de cosas es el estado de mi armario.   Admito que en los últimos años ha mejorado porque meto la ropa de una temporada en cajas de plástico, la bajo al garaje y solo dejo lo de la temporada actual. Así y todo, a veces me quedo parada delante del armario, mirándolo y pensando ¿de verdad necesito tres camisas blancas? ¿para qué si al final no me pongo ninguna? . No quiero entrar en el capítulo zapatos porque me daría vergüenza…

Cosméticos, cremas, cepillos de dientes, etc.   Para ser alguien que se maquilla poco he acumulado una cantidad de productos de perfumería que casi podría abrir una pequeña tienda.   Como pasé de consumidora de perfumería tradicional a consumidora de cosmética natural, tengo cantidad de productos que se supone cubren las mismas funciones pero que no me animo a tirar.   Después de todo, los productos de perfumería no son baratos.   Se me olvida, o prefiero no recordar, que muchos de estos productos tienen fecha de caducidad y, aunque a mi nunca me han dado problemas, se supone que no es recomendable utilizarlos.

Los libros. Me encanta leer y tengo esta obsesión por querer estar al día de todo lo que sale.   Sé que esta es una quimera idiota y poco realista ya que con la velocidad que se publica hoy en día, aunque estuviera dedicada solo a leer me sería imposible mantener el ritmo pero…dentro de mi hay una vocecilla que dice “el dinero gastado en libros es un dinero bien gastado”.  El problema con los libros es que ocupan mucho espacio y, seamos realistas, con excepción de alguno muy especial y los de consulta, el resto se queda acumulando polvo en las estanterías porque, una vez los hemos leído, ya no los leemos más.   Esta superabundancia de lectura ha hecho que hasta la biblioteca del pueblo se resista a recibir los libros cuando quieres regalárselos para que otros los disfruten.   Y que conste que no estoy hablando de esos libros amarronados, con humedades y llenos de polvo que, en ocasiones, se ven al lado de los contenedores de basura.

La cocina.   Tener un hijo cocinero y volvernos crudiveganos ha contribuido de forma considerable al aumento de aparatos y utensilios de cocina. La deshidratadora, la extractora de zumos, la “nutra-bullet”, las ollas y sartenes de hierro colado y cobre, las ensaladeras, los botes que cierran herméticamente y así un sinfín de trastos y trastitos para asegurarnos de que todo sale como debe ser. Un pelador de patatas, uno de tomates, un aparatito para quitarle los huesos a las cerezas otro para sacar el corazón de las manzanas…

Luego está nuestra preciosa casa.   Metros y metros de jardín – que alguien tiene que mantener, un garaje descomunal donde viven dos perros peludos, guardamos la leña y cualquier cosa que no sepamos donde poner pero de la cual nos cueste desprendernos y sus habitaciones vacías de habitantes pero, perfectamente equipadas, como si estuviéramos esperando que en cualquier momento alguien se mudara a vivir con nosotros.

Por último, las facturas que van de la mano de todo lo que acabo de mencionar. Pagos de impuestos de basuras, arreglos de calle, seguros de la casa, factura del gasoil, ITV de los coches, vacunas de los dos perros y el gato, internet, el teléfono fijo, los móviles, el peaje, el jardinero esporádico, los arreglos, los seguros de los coches…vamos, un no parar.

Si todavía estáis leyendo, vaya! Gracias.   La conclusión a la que llego es que tenemos que simplificar nuestras vidas.   Ese es el proyecto en el que me embarco en los próximos meses si bien…seamos realistas…puede llevarme años.    Es una aventura, desprendernos de lo que hemos ido acumulando con el paso del tiempo es un ejercicio de humildad.   Aprender a vivir con lo esencial.   Sacar el máximo rendimiento a lo que una tiene sin querer de forma consciente o inconsciente tener más;  creo que todo ello nos resta ligereza y energía para emprender nuevos proyectos, pensar de otra manera, respirar, movernos.

Empieza una nueva etapa.   Vuestras sugerencias siempre serán bienvenidas.

 

Ensalada de Pollo con Mango (esta vez no es RAW)

Ensalada de Pollo con Mango

Mi sobrino Diego está pasando unos días en casa y él, aunque come de todo, no es crudivegano así que, hemos tenido que adaptar un poco el menú para que también disfrute de la comida.   Además, para ser sincera, nosotros tampoco somos 100% raw porque sería un poco talibán de nuestra parte y creo firmemente que, en la variedad está el gusto.

Hemos preparado una ensalada de pollo y mango que ha resultado excelente y que comparto con vosotros por si os apetece probarla.

Ingredientes:

  • 1/2 Cebolla Roja
  • 1 Mango maduro
  • Pechugas de pollo a la plancha
  • Apio
  • Hojas de lima kefir
  • 3 dientes de Ajo
  • Lechuga variada
  • Sal marina
  • Mostaza Colemans
  • Aceite

Elaboración:

Lo mejor es comprar un polo a l’ast y utilizar las pechugas pero si no tenemos podemos hacer el pollo en la sartén con un poco de aceite, el ajo y la lima kefir.   Cuando el pollo esté hecho dejarlo enfriar y cortarlo en trozos pequeños.

En una ensaladera colocar la cebolla cortada a cuadritos (cortarla y después lavarla),  cortar el mango y el apio en trozos pequeños y colocar también en la ensaladera.

Añadir los trocitos de pollo.

Aparte mezclar una cucharada de mostaza Colemans,  medio vaso de aceite de oliva, un chorrito de vinagre al gusto, 1/4 de cucharada de sal marina y el ajo con el que freímos el pollo que previamente habremos pelado.  Hacer una salsa con el minipimer (no sé si se escribe así) o con lo que tengamos a mano y verterla sobre los ingredientes que tenemos en el bowl.   Mezclar bien.

En un plato hacer una cama con las hojas de lechuga y colocar encima la ensalada.

Acompañar con una clara o con un vasito de vino,  sentarse a la mesa, olvidarse de las prisas, el móvil, los e-mails y los problemas y concentrarse en disfrutar en “el aquí y en el ahora”, masticar despacio (yo estoy en ello, no hay manera de lograrlo).

¡Que aproveche!

María Rosa