Pequeños detalles que mejoran el mundo

Small details

Todos hemos escuchado lo importantes que son los “pequeños detalles” a la hora de hacer una “gran diferencia”.   De tanto escucharlo no le damos importancia o se nos pierde su significado en las prisas del día a día.   Pero cuando somos conscientes de lo que un pequeño gesto nos conmueve, tanto para bien o para mal, entendemos perfectamente el significado e importancia de los mismos.

Que escriba sobre el tema no es casualidad. El sábado iba con mi marido a la playa en un metro hasta los topes de gente que mas que hablar gritaba, se peleaba por un asiento y buscaba un lugar donde aparcarse dentro del abarrotado vagón.     En el momento en que quedó un asiento vacío desplegué la agilidad de una gimnasta y logré hacerme con el sitio. Mi marido me sonrió desde la distancia con cara de “ah, lo lograste, bien por ti”.

Mientras esta situación harto frecuente y nada original tenía lugar en el vagón, un hombre grande y robusto de unos 45 años se entretenía mirando desde su asiento a todo el que entraba. También nos miró a nosotros e imagino que hizo lo que hacemos la mayoría de los que disfrutamos observando a los demás, hizo lo que yo llamo un “Spielberg”, es decir, se imaginó en unos segundos como era nuestra vida, a qué nos dedicábamos, de qué estábamos hablando.

Casualmente el asiento que yo ocupé era el que estaba a su lado así que, cuando yo me senté, también me miró, sin mucho interés, simplemente registrando en su cabeza un movimiento más en el vagón.    Entonces se desocupó un asiento al otro lado del pasillo, precisamente el que estaba delante del hombre en cuestión.   Éste miró a mi marido y le hizo un gesto con la mano que decía “¿cambiamos?” Así que sin mucha complicación, mi marido acabó a mi lado y el caballero en el lugar que segundos antes ocupaba mi marido.

Pensaréis que soy idiota pero en ese momento me habría levantado y le habría dado un abrazo a ese hombre. Le habría dicho “Gracias. Gracias por su delicadeza. Por estar pendiente de los pequeños detalles. Por hacer que un trayecto ruidoso, agresivo en ocasiones e indiferente en otras, aburrido y sin transcendencia, por unos segundos se haya convertido en algo que nos ha alegrado el día”.

Me quedé reflexionando sobre la repercusión del gesto. Cuando alguien nos regala un gesto positivo de repente queremos devolvérselo o compartir algo similar con alguien más.   Pensé practicarlo más a menudo.   No esperar a que sea el otro el que haga el gesto sino ser yo la que los inicia porque, aunque el hombre del metro tal vez no sepa nunca cual fue el alcance de su acción, sin saberlo contribuyó por un instante a hacer del mundo un sitio mejor y a fin de cuentas ¿no es eso lo que todos deseamos?

¡Feliz martes!

 

 

 

 

 

 

 

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Pera, Alcachofa y Champiñones Negros (Raw Food)

Pera y Alcachofa 1

El verano es un momento excelente para iniciarse en la alimentación RAW.   Cuando explico que suelo practicar este tipo de alimentación algunas personas me miran con cara de susto y me dicen:  “ah, tu eres de esas que solo comen brotes de alfalfa, zanahorias y lechuga”.   Nada más lejos de la realidad.

La cocina RAW utiliza muchas técnicas (maceración, deshidratación, hidratación, licuado, etc.) que proporcionan a los alimentos texturas y sabores muy interesantes pero, sobre todo, no le restan nada de su valor nutritivo ni de su sabor original.

La receta que he elaborado hoy requiere que alcachofas y champiñones negros se maceren por separado y que las peras estén 10 horas en la deshidratadora.    El truco está en no deshidratar únicamente las que vamos a comernos sino llenar la máquina hasta los topes y almacenar todas las que no utilicemos.

Al final, la mezcla de las verduras maceradas con su toque de romero y pimienta y el dulzor de la pera con la textura crujiente que resulta de deshidratarla, nos brinda un plato sorprendente, nutritivo, rico en minerales y vitaminas y muy ligero.

Si alguien está interesado en la receta, escribidme y la pasaré al PC.  De momento, como he acompañado al plato con una copita de vino, se me cierran los ojos en anticipación a la siesta que voy a echarme en breve.

¡Feliz domingo!

 

 

 

 

Quiero que sea sábado toda la semana

Saturday Mornings

Una de las primeras frases que me llamó poderosamente la atención cuando estudié Coaching fue una de Rafael Echeverría que dice “El lenguaje crea la realidad”.   Cuando la escuché por primera vez no me impactó como algo sobre lo que hacer una gran reflexión pero, a medida que pasó el tiempo, me di cuenta de lo certera que es la misma y de la fuerza que tiene.   Es cierto, lo que nos decimos y lo que decimos a los demás, acaba creando la realidad en la que vivimos.

Empiezo haciendo esta reflexión porque esta mañana mientras me estaba cambiando en el gimnasio una chica le decía a otra “uff, menos mal que ya es viernes, estaba loca porque llegara el fin de semana” y la otra le contestaba “si, yo estoy igual, deseando que llegue el sábado”.     Esa breve conversación me llevó a otras en las que yo he participado con frases como, “que ganas tengo de que se acabe el invierno”, “ya falta poco para que llegue el verano”, “¡por fin es sábado!” y un sinfín de otras en las que damos a entender que tenemos prisa porque algunos momentos pasen lo más rápido posible.

Si lo analizamos bien, estar toda la semana esperando que llegue el sábado es triste ¿no? Yo creo que sería mucho mejor estar el sábado deseando que llegara la semana o, ya puestos, no desear nada sino centrarnos en vivir cada día, cada hora, cada minuto como si fuese el último e intentar disfrutarlo y sacarle el máximo partido.

¿Por qué se hacen tan comunes este tipo de expresiones que cuando las analizamos en profundidad nos dan tanto que pensar? Yo no quiero estar toda la semana deseando que llegue el sábado.   Yo lo que quiero es levantarme cada día con la sensación que tiene mi cuerpo el sábado por la mañana.

¿Qué es diferente el sábado por la mañana del resto de los días? Probablemente nos levantamos cuando el cuerpo nos lo pide, desayunamos con calma, tenemos planes para hacer cosas que nos encantan, podemos dedicar tiempo a hobbies, proyectos, personas, intereses que nos hacen felices y que nos hacen olvidarnos del tiempo de forma tal que cuando nos damos cuenta son las doce de la noche, el sábado ha volado y estamos metiéndonos en la cama con una sonrisa de oreja a oreja porque hemos vivido un día genial.

Eso es lo que busco, la sensación de sábado en cada día de mi vida. Sé que la respuesta está entre estas líneas, solo hace falta la valentía de perseguirla hasta dar con ella.

 

 

 

Gracias mamá

Mecedora

Querida mamita,

Son las cinco de la tarde y estoy sentada en la mecedora que me regalaste y que me ha acompañado durante varios años, de Venezuela a La Garriga, de La Garriga a L’Ametlla y de L’Ametlla a L’Hospitalet.

Durante todo este tiempo la mecedora ha sufrido algunas transformaciones, en un principio estaba tapizada con una tela negra con flores lilas y verdes que a ti probablemente no te gustaba nada pero que, con la delicadeza que te caracteriza, opinaste que para la decoración de mi casa era estupenda.

Años más tarde, cuando estábamos en la casa de L’Ametlla, sugeriste cambiarle el color y para ello me ofreciste una tela preciosa de lino que atesorabas y que tu una vez más, haciendo gala de tu generosidad, preferiste utilizar en algo que era para mi.

Tu interés por darme algo precioso no terminó ahí, decidiste buscarle una pareja y eso te llevo a pedirle a mi hermano y cuñada que se desprendieran de la suya ya que ésta se encontraba descansando en el altillo del pueblo. Una vez que tuviste asegurada la pareja, tramaste llevarlas al carpintero para que las barnizara ya que el sol las había decolorado en algunas partes.     También te ocupaste de ir al tapicero y rediseñar el cojín de la base para hacerlo más cómodo y firme.

Al final, acabé con dos preciosas mecedoras que me han acompañado al mini-piso en el que vivo y que confío lo sigan haciendo por el resto de mi vida.

Esta tarde, mientras disfrutaba de un libro sentada en la mecedora, he sentido todo el amor, generosidad, nobleza, cariño, decisión y valentía que a lo largo de la vida he tenido la suerte de recibir de ti .   Esta tarde que he tenido un rato para relajarme y dejar mi mente vagar, no me preguntes porqué, de repente te he imaginado sacando la tela del baúl, llamando y visitando al tapicero, organizando el traslado de ambas mecedoras y tu cara de absoluta felicidad el día que las vistes terminadas, exquisitamente tapizadas, preciosas y perfectas para mi casa.

Mientras te imaginaba haciendo todo esto sin esperar nada a cambio, simplemente por el placer de dar y hacerme feliz, me ha venido a la mente una frase que leí hace unos días y que me queda clara en momentos como este.

“El amor no existe, lo que existe son actos de amor”.  

 Gracias mamá.

 

 

 

 

Del Caos al Florecimiento Creativo

Transformación Mariposa

Este fin de semana participé en el taller “Relaciones de Colaboración: Del Caos al Florecimiento Creativo” impartido por Kenneth J. Gergen y Miriam Subirana y quedé encantada con las reflexiones que hicimos, algunas de las cuales comparto con vosotros.      Como la mayoría de las cosas importantes en la vida la simplicidad del método – que no necesariamente de la práctica – me sorprendió y, creedlo o no, me dio un poco de esperanza respecto al futuro de nuestra humanidad.

En el taller practicamos el método o la teoría de la Indagación Apreciativa según la cual, las conversaciones que mantenemos entre nosotros crean la realidad en la que vivimos por tanto, si nuestras conversaciones se centran solo en lo negativo, en lo que falla y en los problemas, nos rodeamos de una realidad que es problemática, negativa y llena de inconvenientes.   Además, cuando entramos en una espiral de negatividad arrastramos a los que están a nuestro alrededor porque el lenguaje que utilizamos, por ejemplo: “esto es una porquería, no sirves para nada, aquí todo sale mal” nos lleva por un camino que difícilmente nos aterrizará en un diálogo constructivo a partir del cual, si somos capaces de reformularlo, podríamos empezar a co-crear y trabajar con armonía y fluidez.

Tal y como pudimos practicar durante el taller, podemos llevar un problema, por ejemplo: “dos departamentos de mi empresa están constantemente en guerra”, de un problema a un mundo de posibilidades simplemente reformulando la forma en que nos lo planteamos.   Esa reformulación puede hacerse desde la situación, desde el yo, desde el otro o desde la relación.   Es decir, reformulando desde alguno de esos aspectos podemos lograr un cambio significativo en la forma que gestionaremos la situación.   Por ejemplo, si decidimos reformular nuestro planteamiento de la situación podríamos decir: “Vamos a aprovechar las diferencias que existen entre dos departamentos de mi empresa para ampliar las posibilidades de cambio dentro de la misma”.         Imaginemos ahora que hemos de organizar una reunión con ambos departamentos en la que hablaremos sobre la situación, cambia mucho de la primera a la segunda ¿verdad?

Durante el taller también se trabajó la reformulación desde el yo.   “Mi hermana es una arpía que solo se acuerda de mi cuando tiene que pedirme algo” a “Voy a llamar a mi hermana para preguntarle como está y organizar una salida juntas.   Es cierto que las dos últimas veces que me ha llamado lo hizo para pedirme algo pero también es verdad que en muchas ocasiones simplemente lo ha hecho para hablar conmigo”.

Como decía al inicio de este escrito, en realidad la fórmula es simple, lo complicado está en dejar de un lado nuestro ego y tener la humildad y el deseo de contribuir a mejorar nuestras relaciones. Hemos de ser capaces de dar el primer paso para practicar una actitud que contribuya a mejorar las relaciones en lugar de dejarnos arrastrar por el conflicto y la negatividad que solo nos conduce a la tristeza y el dolor.

¡Cuantos disgustos nos ahorraríamos si antes de reaccionar tuviéramos en cuenta estos consejos!

 

 

Para el verano: Zumos Rojos

Zumo de Frambuesa

Me encantan los zumos verdes pero a veces apetece cambiar y probar algo diferente así que, aquí va una receta para un zumo de color frambuesa que es delicioso.

Ingredientes:

  • Media taza de papaya madura
  • Cuarto de taza de frambuesas (las congeladas del Lidl son fantásticas)
  • 1 Cucharadita de semillas de chía
  • Cuarto de taza de leche de coco
  • 1 Dátil
  • Media taza de agua

Elaboración:

  •  Pelar la papaya y cortarla en trozos pequeños
  • Meter junto con el resto de los ingredientes en la “Nutra Bullet” o aparato similar (licuadora, termomix)
  • Batir hasta que quede cremoso
  • Coger una cañita, tumbarse en el sofá y dejarse llevar por el maravilloso sabor de esta bebida.

Propiedades: 

  • Frambuesas:  ayudan a eliminar toxinas del hígado y los riñones, ayudan a combatir la anemia, son ricas en fibra,  por su alto contenido en flavonoides ayudan en la prevención contra el cáncer.
  • Papaya:  Ayuda a digerir, es rica en vitamina C y betacarotenos, combate los radicales libres, nos protege el corazón y de la degeneración visual.
  • Semillas de Chia:  Son una excelente fuente de fibra, contienen una gran cantidad de calcio, proteínas y ácidos grasos omega 3.
  • Dátil:  Contiene cantidades abundantes de hierro, fósforo y potasio. Así como vitaminas: A, tiamina, niacina, triptófano, ribofravina, y ácido ascórbico.  Es afrodisíaco.

Hummmm!  Adoro el verano!!   🙂

 

 

Preguntas sin respuesta

The Meaning of Life

Últimamente me sorprendo con frecuencia absorta en pensamientos que oscilan entre lo trágico y lo existencial.   Asumo que es cosa de la edad.   Supongo que una no supera la barrera de los 50 sin sufrir una toma de conciencia que pasa por observar el claro deterioro del cuerpo, el desgaste de la mente, la preocupación por dar respuesta a la pregunta ¿para qué estoy yo aquí? y la sensación de falta de permanencia de todo lo que nos rodea.

¿Qué sentido tiene todo lo que hacemos?   Trabajar como locos, correr de arriba abajo como hormigas en una tarde de verano, cuidarnos, preocuparnos, desvelarnos.   Todo ello ¿para qué?

Hasta no hace mucho mis pensamientos se centraban en el futuro, en lo que iba a hacer en los próximos meses o como mucho al año siguiente sin embargo, esto ha cambiado porque ahora observo el futuro con cautela.   ¿Cambio de trabajo? ¿Cambio de país? ¿Cambio de profesión?   Cuando una está más cerca del retiro que de la consolidación de una carrera, estas preguntas son difíciles de contestar y la bola de cristal se empaña mostrando pequeños resquebrajamientos que amenazan con romperla en pedazos de tanto consultarla.

Después están esas preguntas más profundas que vienen con la edad, ¿qué sentido tiene la existencia? ¿qué dejaré yo en el mundo una vez concluya mi viaje? ¿dónde vamos cuando dejamos esta vida? ¿vamos a algún sitio? A algunos esas preguntas nos acercan al borde del abismo porque tomamos conciencia de lo absurda y vacía que, en ocasiones, resulta nuestra existencia.

Si a todo esto le sumamos el bombardeo constante de noticias negativas (guerras, corrupción, cambio climático, miseria, etc.) aún se revuelven más cosas en la boca de mi estómago porque hay una voz apenas perceptible pero muy persistente que va preguntando “y tú ¿qué piensas hacer al respecto?”.     “Ahora no puedo” es mi respuesta más habitual.   “Ahora estoy ocupada ganándome la vida”, ocupación a tiempo completo.   “Ahora me toca descansar un poco”.   “Ahora tengo esta y esta otra obligación que no puedo dejar de lado”. Y así sucesivamente, los años pasan y la pregunta es cada vez más insistente, la voz cada vez más sonora.

Tiene que haber otra forma de circular por la vida.   ¿Cuál es? Ni idea.   Mientras cocino, pongo lavadoras, preparo cursos, corrijo exámenes, me acuesto y me levanto…cada día me pregunto con mayor frecuencia ¿es esto todo lo que hay?

Voy a poner una lavadora.