Preguntas sin respuesta

The Meaning of Life

Últimamente me sorprendo con frecuencia absorta en pensamientos que oscilan entre lo trágico y lo existencial.   Asumo que es cosa de la edad.   Supongo que una no supera la barrera de los 50 sin sufrir una toma de conciencia que pasa por observar el claro deterioro del cuerpo, el desgaste de la mente, la preocupación por dar respuesta a la pregunta ¿para qué estoy yo aquí? y la sensación de falta de permanencia de todo lo que nos rodea.

¿Qué sentido tiene todo lo que hacemos?   Trabajar como locos, correr de arriba abajo como hormigas en una tarde de verano, cuidarnos, preocuparnos, desvelarnos.   Todo ello ¿para qué?

Hasta no hace mucho mis pensamientos se centraban en el futuro, en lo que iba a hacer en los próximos meses o como mucho al año siguiente sin embargo, esto ha cambiado porque ahora observo el futuro con cautela.   ¿Cambio de trabajo? ¿Cambio de país? ¿Cambio de profesión?   Cuando una está más cerca del retiro que de la consolidación de una carrera, estas preguntas son difíciles de contestar y la bola de cristal se empaña mostrando pequeños resquebrajamientos que amenazan con romperla en pedazos de tanto consultarla.

Después están esas preguntas más profundas que vienen con la edad, ¿qué sentido tiene la existencia? ¿qué dejaré yo en el mundo una vez concluya mi viaje? ¿dónde vamos cuando dejamos esta vida? ¿vamos a algún sitio? A algunos esas preguntas nos acercan al borde del abismo porque tomamos conciencia de lo absurda y vacía que, en ocasiones, resulta nuestra existencia.

Si a todo esto le sumamos el bombardeo constante de noticias negativas (guerras, corrupción, cambio climático, miseria, etc.) aún se revuelven más cosas en la boca de mi estómago porque hay una voz apenas perceptible pero muy persistente que va preguntando “y tú ¿qué piensas hacer al respecto?”.     “Ahora no puedo” es mi respuesta más habitual.   “Ahora estoy ocupada ganándome la vida”, ocupación a tiempo completo.   “Ahora me toca descansar un poco”.   “Ahora tengo esta y esta otra obligación que no puedo dejar de lado”. Y así sucesivamente, los años pasan y la pregunta es cada vez más insistente, la voz cada vez más sonora.

Tiene que haber otra forma de circular por la vida.   ¿Cuál es? Ni idea.   Mientras cocino, pongo lavadoras, preparo cursos, corrijo exámenes, me acuesto y me levanto…cada día me pregunto con mayor frecuencia ¿es esto todo lo que hay?

Voy a poner una lavadora.

 

 

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