¿Queda alguien en quien confiar?

 

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Es difícil transmitir ética y valores en el aula a alumnos que constantemente están expuestos a la falta de escrúpulos de gobernantes, bancos y grandes empresas.     En las últimas semanas tenemos el caso de Volkswagen y sus artimañas con el fraude de las emisiones de los vehículos diesel  y el de los laboratorios Johnson & Johnson con, entre otros, los problemas causados por el medicamento Risperdal.

“La hemos cagado” dice Michael Horn el presidente de Volkswagen en USA y el CEO aparece en internet dando una disculpa con tan poco sentimiento que realmente es difícil creerle.    Por otra parte están los de Johnson & Johnson,  empezaron vendiendo el producto Risperdal para personas con graves problemas mentales, vieron que se vendía bien y la persona encargada de la promoción y venta de este producto decidió que podían también hacer campaña para “colocárselo” a los abuelos, a los adolescentes y a los niños con el síndrome de déficit de atención/hiperactividad (SDAHA) que, por cierto, no parece casualidad que de repente parece que se ha puesto tan de moda.

Lo triste de la situación de Johnson & Johnson, por ejemplo, es que la FDA (Food and Drug Administration) de USA, que es la agencia que “controla y aprueba” los medicamentos entre otras cosas,   basa sus decisiones en informes preparados por científicos y médicos que están pagados por la propia industria farmacéutica.  No hay que ser muy espabilado para darse cuenta de cual es el resultado de esta forma de proceder.

Para más recochineo, al del “Risperdal” van y lo promueven a CEO de la empresa.    Estupendo, un tipo excelente con una ética y unos valores dignos de admiración.

Mi análisis de la situación es en este caso superficial porque, la verdad, con leer un poco las noticias y mirar alrededor no necesito profundizar mucho más para entender que detrás de ambos casos hay corrupción, falta de ética, mentiras, sobornos, ningún respeto por las personas que compran el vehículo, por las que consumen el medicamento y por la humanidad en general.

Así están las cosas.   Empresas sobre las cuales se escriben casos que después se estudian con gran interés en las escuelas de negocios,  organizaciones modelo,  resultan por culpa de gente sin escrúpulos máquinas gigantes de corrupción.     Lo más triste del caso,  Johnson & Johnson  despliega un batallón de abogados de primera categoría (otro grupito con el que podríamos entretenernos un rato),  probablemente pague una multa millonaria,  que acabarán asumiendo los shareholders,   pero si tenemos en cuenta que, según comentan en las noticias, las ganancias por el Risperdal fueron billonarias… ¿qué son unos pocos millones antes cifras tan astronómicas?

Y con este panorama,  coge a gente que está haciendo un MBA y explícales que los valores deberían ser aquello sobre lo que se fundan las organizaciones, que la ética, el compromiso y el respeto son la base de una gestión a largo plazo…      Parecería un chiste,  si no fuese tan triste.

 

 

 

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