El “Design Thinking” aplicado a la Gestión de las Personas

No es necesario ser diseñador para trabajar el “Design Thinking”, es necesario aprender la metodología que consta de seis pasos, practicarla y trasladarla a lo que hacemos habitualmente a fin de lograr una mirada más fresca e innovadora de lo que nos rodea.

El “Design Thinking” es una metodología para innovar que se centra en una mirada antropológica del ser humano.   Consiste en ponerse en el lugar del cliente o usuario de un producto o servicio con la intención de entender muy bien cuales son sus expectativas, miedos, opiniones, experiencia del producto o servicio que queremos diseñar.

En el “Design Thinking” no se busca lo que es posible sino lo que es deseable. Primero pensamos en qué necesita el usuario y poco a poco y entre todos vamos trabajando la parte experiencial del proceso.

IDEO, una de las empresas de diseño más importantes del mundo y donde esta técnica se aplica hace muchos años, recomiendan crear prototipos para poder iniciar una conversación con las personas que serán usuarias del producto o servicio a diseñar.   Se busca interactuar con el cliente mediante dinámicas de co-creación y facilitar que todos puedan contribuir con sus ideas a la mejora de aquello que entre todos hemos decidido que deseamos alcanzar.

El “Design Thinking” pone al ser humano en el centro del diseño y por tanto humaniza el proceso de innovación.   Cuando se aplica a la gestión de las personas proporciona al proceso una mirada humanista desde la que no solo se trabaja la parte analítica y objetiva del negocio sino que también se incorporan la empatía y las emociones porque, a fin de cuentas, son las personas las que hacen posible que todo suceda.

Co-crear es una de las bases del Design Thinking.   En el centro de la gestión deberían estar las personas siendo los procesos, los sistemas y las herramientas el apoyo para trabajar sobre la base de los valores y el objetivo de mejorar el entorno, las relaciones y como resultado los productos y servicios que queremos ofrecer.

La gestión de las personas mejoraría considerablemente si, antes de imponer y tomar decisiones de forma autocrática, nos tomáramos el tiempo para involucrarles en los cambios que les afectan, escuchar sus opiniones y hacerles co-responsables de aquello que entre todos decidamos que sería lo mejor.

Un buen ejemplo de ello podría ser la reestructuración de los horarios de la empresa.   ¿Cuántas personas no preferirían entrar más temprano y salir antes? ¿Cuántas tal vez preferirían trabajar más horas 4 días y tener 3 para el descanso?  ¿Cuántas puede que  estuvieran dispuestas a recortar su jornada laboral para dedicarse a actividades que les llenen más?   Son infinitas las posibilidades… sin embargo, en muchas empresas se sigue pensando que es el “presentismo” lo que más cuenta.   Da igual si las personas están siendo o no productivas, lo importante es que cumplan con un horario y si pueden estar más horas de las establecidas en el contrato…mejor que mejor.     Hemos de cuestionar porqué, siendo los europeos que más horas pasamos en el puesto de trabajo, estamos a la cola en productividad.

¡Feliz semana!

 

 

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